Read "Historia de dos ciudades" by Charles Dickens online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Muchos y muy variados objetos desfilaban ante los ojos de Jeremías Lapa, durante las horas que diariamente se pasaba sentado en su rústico banco en la calle Fleet, acompañado de su poco agraciado retoño. Quien se pasara las horas más animadas del día en la calle Fleet, sentado sobre un banco o sobre una silla, sobre una piedra o sobre el duro suelo, necesariamente había de salir de la jornada aturdido y sordo, por efecto de las dos procesiones inmensas, interminables que, no obstante seguir rumbos opuestos, una de Oriente a Poniente, otra de Poniente a Oriente, caminaban fatalmente hacia el mismo final, hacia el mundo que jamás visitan los rayos rojos y púrpura del sol.
El buen Lapa, mascando la obligada paja, contemplaba el curso de los dos gigantescos arroyos, semejante a aquel gentil rústico que permaneció varios siglos contemplando el curso de un río, sin más diferencia entre uno y otro que la de temer el segundo que el río se secase, y abrigar Jeremías la seguridad de que el curso de aquellos no se interrumpiría jamás. Verdad es que esa seguridad era para Lapa manantial de risueñas esperanzas, toda vez que gran parte de sus rentas las ganaba sirviendo de piloto a las mujeres que deseaban hacer la travesía de la calle. Aunque por regla general, las señoras que recurrían a sus servicios habían entrado de lleno en el declinar de la vida, y por otra parte, las relaciones entabladas durante la breve travesía eran forzosamente de poca duración, tanta impresión ejercía en el fogoso Jeremías el bello sexo, que nunca prestó un servicio de esa clase sin expresar deseos vehementes de que le fuera concedido el honor de beber a la salud de la acompañada.