Read "Historia de dos ciudades" by Charles Dickens online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Un año y tres meses. No disfrutó Lucía de un minuto de tranquilidad durante todo ese tiempo, pues jamás pudo hoy asegurar que la cabeza de su marido no rodaría al día siguiente. A todas horas rebotaban sobre el empedrado de las calles carretas de la Muerte llenas de condenados. Lindas muchachitas, señoras en el apogeo de su hermosura, cabezas de pelo negro, de pelo castaño, de pelo rubio, de pelo blanco; jóvenes robustos, pletóricos de vida, y ancianos encorvados bajo el peso de los años, caballeros y labriegos, damas y campesinas, todos proporcionaban vino rojo a la Guillotina, saliendo diariamente de las obscuras cuevas de sus inmundos calabozos y conducidos en procesión interminable por las calles para apagar la sed devoradora de aquélla. Libertad, Igualdad, Fraternidad o Muerte. Más frutos has dado de Muerte que de Libertad, Igualdad ni Fraternidad, ¡oh Guillotina!
Si lo brusco e inesperado de sus calamidades y el rodar vertiginoso de las ruedas del tiempo hubieran aturdido a la hija del doctor, sumiéndola en ese estado de desesperación ociosa, seguramente la habría enviado a la tumba o al manicomio, como ha enviado con menos motivos a tantas otras, pero desde el instante en que estrechó contra su pecho juvenil aquella cabeza de cabellos de nieve en el sotabanco de la taberna del barrio de San Antonio, se había consagrado al cumplimiento estricto de sus deberes, y los cumplió con tanta abnegación en los días de prueba, como en los de calma y felicidad.