Read "Cándido, ó el optimismo" by Voltaire online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
No siempre he tenido yo los ojos lagañosos y ribeteados de escarlata; no siempre se ha tocado mi barba con mis narices, ni he sido siempre criada de servicio. Soy hija del papa Urbano X y la princesa de Palestrina. Hasta que tuve catorce años, me criáron en un palacio al qual no hubieran podido servir de caballeriza todas las quintas de barones tudescos, y era mas rico uno de mis trages que todas las magnificencias de la Vesfalia. Crecia en gracia, en talento y beldad, en medio de gustos, respetos y esperanzas, y ya inspiraba amor. Formábase mi pecho; pero ¡qué pecho! blanco, duro, de la forma del de la ve nus de Medicis; ¡y qué ojos! ¡qué pestañas! ¡qué negras cejas! ¡qué llamas salian de las niñas de mis ojos, que eclipsaban el resplandor de los astros, segun decian los poetas de mi barrio! Las doncellas que me desnudaban y me vestian se quedaban absortas quando me contemplaban por detras y por delante; y todos los hombres se hubieran querido hallar en su lugar.
Celebráronse mis desposorios con un príncipe soberano de Masa-Carrara. ¡Dios mio! ¡qué príncipe! tan lindo como yo; ayroso, y de la condición mas blanda, del mas agudo ingenio, y perdido por mi de amores: yo le amaba como quien quiere por la vez primera, esto es que le idolatraba. Dispusiéronse las bodas con pompa y magnificencia nunca vista: todo era fiestas, torneos, óperas bufas; y en toda Italia se hiciéron sonetos en mi elogio, de los quales ninguno hubo que no fuera rematado de malo. Ya rayaba la aurora de mi felicidad, quando una marquesa vieja, á quien habia cortejado mi príncipe, le convidó á tomar chocolate con ella, y el desventurado murió al cabo de dos horas en horribles convulsiones; pero esto es friolera para lo que falta. Desesperada mi madre, puesto que mucho ménos desconsolada que yo, quiso perder de vista por algun tiempo esta funesta mansion. Teníamos una hacienda muy pingüe en las inmediaciones de Gaeta, y nos embarcámos para este puerto en una galera del pais, dorada como el altar de San Pedro en Roma. Hete aquí un pirata de Salé que nos da caza y nos aborda: nuestros soldados se defendiéron como buenos soldados del papa, es decir que tiráron las armas y se hincáron de rodillas, pidiendo al pirata la absolución in articulo mortis.