Read "Micromegas" by Voltaire online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Habiendo descansado un poco, se almorzaron dos montañas que les guisáron sus criados con mucho aseo. Quisieron luego reconocer el mezquino pais donde se hallaban, y se dirigiéron de Norte á Sur. Cada paso ordinario del Sirio y su familia era de unos treinta mil piés de rey: seguíale de léjos el enano de Saturno, que perdía el aliento, porque tenia que dar doce pasos miéntras alargaba el otro la pierna, casi como un perrillo faldero que sigue, si se me permite la comparación, á un capitán de guardias del rey de Prusia.
Como andaban de priesa estos extranjeros, diéron la vuelta al globo en treinta y seis horas: verdad es que el sol, ó por mejor decir la tierra, hace el mismo viaje en un dia; pero hemos de reparar que es cosa mas fácil girar sobre su eje que anclar á pié. Volviéron al cabo al sitio donde estaban primero, habiendo visto la balsa, casi imperceptible para ellos, que llaman el Mediterráneo, y el otro estanque chico que con nombre de grande Océano rodea nuestra madriguera; al enano le daba el agua á media pierna, y apénas si se habia mojado el otro los talones. Fuéron y viniéron arriba y abajo, haciendo cuanto podian por averiguar si estaba ó no habitado este globo: bajáronse, acostáronse, tentáron por todas partes; pero eran tan desproporcionados sus ojos y manos con los mezquinos seres que andan arrastrando acá bajo, que no tuviéron la mas leve sensacion por donde pudiesen caer en sospecha de que exîstimos nosotros y nuestros hermanos los demas moradores de este globo.