¡Pobre Dolores! by Fernán Caballero — Read

Explore "¡Pobre Dolores!" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.

Nada recrea más la vista ni alegra más el corazón, que ver al caer la tarde volver del campo a los labradores. Cada cual viene montado en su burra, que las más veces es seguida de un ruchillo que corre y salta, gozando de su corta niñez, como si le avisase un instinto profético que esa alegría, ese solaz, esos alegres saltos, serán los primeros y los últimos en su triste vida de trabajo y de desprecio. Traen los labradores sus serones llenos de frutas y de legumbres, coronados de frescos tallos de maíz, que son la cena de su buena compañera: ésta apresura su lento paso al ver llegar a los niños, que salen al encuentro de sus padres. Completa la comitiva un perrito basto y feo, pero humilde y fiel, que se cuenta como de la familia, y que no dejaría el pedacito de pan que le da su amo por todos los manjares de un palacio. Unos padres alzan al más pequeño de los niños y le sientan delante de sí, mientras los mayores abrazan y retozan con el ruchillo. Otros se apean, sientan en la burra a los mayores, y llevan en sus brazos al más pequeño; y cada uno de estos variados grupos se dirige a su casa, en que les aguarda la madre y la esposa feliz.

¡Oh! ¡Qué de veces hemos mirado con profundo enternecimiento estos cuadros de íntima y pura felicidad, que no se ostenta ni se oculta, que no brilla ni se esconde, como la suave luz de la luna! Y nos hemos preguntado con amarga melancolía: ¿Por qué la cultura material, con su insaciable ambición, su refinamiento de goces y su estúpida elegancia de formas, ha reemplazado estos santos y puros goces, con otros que tan poco satisfacen al corazón, a la poesía del alma ni a la conciencia? Porque, despreciando esta felicidad que Dios nos brinda y enseña, ha concebido otra facticia, que con sus anhelos por lo irrealizable, osa echar el desprestigio sobre aquella que nuestro destino, Dios y la razón nos señalan.

Reading navigation