La corruptora y la buena maestra

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En una tarde de Noviembre, fresca, precursora de los alegres días de frío y de los tristes temporales que gimen y lloran, se hallaba en un olivar poco distante de la estación que cerca del pueblo de Posadas tiene la vía férrea de Córdoba a Sevilla, una cuadrilla de cogedores de aceituna, las que, como es sabido, se componen de mujeres, niños y ancianos, conducidos por el manijero que dirige la cogida, y por el veedor, que es el que lleva la cuenta de las fanegas de aceituna recogidas.

Toda recolección es un trabajo bien retribuido, y en el que se reúnen multitud de trabajadores; y así, por penoso que sea, es un trabajo alegre para el pobre, el que, además siente instintivamente el amor y amparo del Todopoderoso en los dones que expende a sus criaturas. Sólo el dueño, si es avaro frunce el ceño cuando aún le parece corto el beneficio de Dios.

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