Explore "La estrella de Vandalia" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al comenzar estas pobres líneas, miserable fachada que pego con vergüenza a dos tan graciosos monumentos, y al escribir de novelas, según creo, por primera vez, después de tanto como he escrito en este mundo, juzgo que mis lectores no llevarán a mal el que principie confesándome con ellos sobre esta materia, a fin de que conozcan desde luego mis aficiones, mis hábitos, casi iba a decir mis doctrinas, algo de lo que siento y lo que pienso acerca de una lectura tan generalizada en nuestro siglo y en nuestro país.
Declaro, en primer lugar, que soy enteramente de éstos, -de mi país y de mi siglo,- en el particular de que estamos hablando: declaro que la buena novela me enamora, me cautiva, me arrastra; que pocas distracciones tienen para mí un encanto igual; que embebido en saborearlas y aún en devorarlas, he pasado y paso todavía horas y horas, discurriendo con sus autores, viviendo con sus héroes, tomando una activa parte en la ficticia, escogida existencia que son su atmósfera y su terreno. Si éste es un defecto, por ventura; si todas las personas graves y formales que me oyeren lo estiman una aberración de juicio o una puerilidad de carácter, inclinaré la frente y me someteré al rigor de la sentencia común. Pero si hay algunos que conciban semejante ocupación como un decente y provechoso solaz en medio de las pesadas tareas del foro y de las acerbas realidades de la vida pública; si los hay para quienes esa afición a lo distinguido, a lo romancesco, a lo ideal, pueda elevar el ánimo, perfeccionar el gusto, inspirar amor a lo bueno y a lo bello, contribuir, en una palabra, al ennoblecimiento de nuestro espíritu y a la mejora de nuestro ser; permítaseme entonces que me confirme y aferre en mi costumbre, y que ya que no haga gala de una impenitencia procaz, diga sencillamente, pero sin rubor, que tengo pasión por las novelas, como la tienen algunos por las flores o por la música, como la tienen otros, y yo también con ellos, por las estatuas y por los cuadros.