Explore "La familia de Alvareda" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Espantosa era para él la vida que llevaba Perico. Arrastrado por la necesidad y por el ascendiente que ejercía la vigorosa influencia de Diego, arrastrado como él por una desgracia en la vía criminal; pero una vez en ella, adoptándola sin vacilar, como un guerrero una armadura de hierro, sin fatigarle ni su peso ni su dureza, Perico seguía como una opaca sombra a esos desalmados, detestándolos. Era como el plateado pez de un tranquilo lago de agua dulce, que arrastrado por una fatal corriente es llevado al mar, en cuyas amargas y agitadas aguas agoniza sin poder huir de ellas. A veces, cuando bajo sus ojos se cometía un crimen, quería en su desesperación acabar de una vez sus torturas, entregándose a sí mismo a la justicia; pero lo detenía la vergüenza y la falta de energía para sobrellevarla. Era odiado de los demás, que le apellidaban el «Triste»; pero le sostenía la poderosa protección de Diego.
Diego se sentía arrastrado hacia aquel hombre, al que había salvado la vida, hacia aquel hombre que era bueno y honrado, porque la tosca y dura naturaleza de Diego era fuerte y noble, y no había descendido al peor grado de la maldad, que es odiar lo bueno. Sin llegar a la exageración novelesca que hace de un bandido o un pirata un héroe, estamos más lejos aún del clásico puritanismo que hace de un ladrón un monstruo tal, que no cabe en él un sólo átomo de humano, desmintiendo así, en honor de la moral sistemática y de la policía matemática, los conocidos hechos de valor, generosidad y nobleza que se han visto en jefes de tales bandas. Sólo el llegar a ser jefes de semejantes hombres, prueba una inmensa superioridad, conservando un predominio que en nada se apoya ni nada sostiene, sino su propia fuerza.