Explore "Las dos Gracias" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ocho años habían pasado y Ramón estaba en vísperas de concluir su carrera. Todos los veranos había venido a pasar las vacaciones con su madre y hermana, las que suspiraban por esta época, la sola animada y variada en su monótona existencia. Con Ramón, que era alegre, entraba la vida y el movimiento en aquella casa, en la que se le aparecía la suave imagen de su hermana Gracia, entre el lecho de una madre doliente y postrada, y la cuna de un niño enfermo y débil, como una vestal que a un tiempo reanimase el fuego próximo a extinguirse en la ceniza, y amontonase combustible para avivar una chispa que no tuviese fuerza para arder.
Así había pasado Gracia su corta vida, por haber quedado su madre desde la muerte de su marido y su último parto baldada. Gracia no era hermosa, porque el cuidado moral y material de enfermos y un perpetuo encierro, no embellecen la persona aunque santifiquen el alma; Gracia no era hermosa, pero no se habría podido hallar un ser más poético, interesante y simpático. Era una mezcla singular en tan corta edad (pues solo contaba entonces trece años) de madurez e inocencia, de reflexión y de sinceridad, de docilidad y de iniciativa, de finura y de naturalidad: dotes debidas a las inspiraciones de su corazón, bien guiadas por su excelente madre y el único amigo que tenían, su siempre cuidadoso, atento y cariñoso padrino.