Explore "Las dos Gracias" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Algún tiempo después recibió D. Manuel la siguiente carta de Gracia:
«Mi querido padrino: muchas veces había oído hablar de hombres que dicen a las mujeres que las quieren sin quererlas, y que hallan un placer en captarse su cariño para abandonarlas luego con la mayor indiferencia. Estas como otras cosas las había oído sin poderme persuadir de que fuesen ciertas, o a lo menos las creía excepcionales y propias de almas dañadas como las que cometen otras maldades. ¿Cómo habría podido yo sospechar cosa semejante en el marqués de Benalí, en ese modelo (que por tal está reputado) del buen caballero! Y sin embargo, querido padrino, esto es lo que acaba de hacer aquel joven en quien usted creyó descubrir durante su primera juventud tanta nobleza y tanta formalidad. Un día, en cuya víspera me había pedido a mi hermano con el mayor cariño, dejó de venir sin mandar una disculpa, sin dar una razón. Mi hermano fue a preguntar por él a su casa y se le dijo que no había vuelto de su excursión; y a los tres días partió para el extranjero. Mi cuñada, muy afanosa para que mi desaire no se trasluzca, me quiere casar con un señor rico, amigo de mi hermano, que es tan tosco como grosero. Mi hermano no quiere, por cansa de sus malos antecedentes, lo que por fortuna me evita a mí dar una negativa a mi cuñada con más indignación de lo que convendría, pues hasta ahora he guardado con ella el silencio que usted me recomienda, y solo tengo que acusarme de que si bien en este silencio han entrado la obediencia a sus santos consejos y la prudencia, ha entrado también algún desdén. ¡Siempre ha de mezclarse con algo de malo lo poco bueno que hacemos!