Explore "Arráncame la vida" by Ángeles Mastretta on Textopian. Read with annotations and highlights.
Conocí a Toña Peregrino cuando Andrés era gobernador. Fueron a Puebla ella y Lara. Los invité a cantar en el cine Guerrero, en una de esas funciones de beneficio social que me gustaba muchísimo organizar. Iban por dos días, pero se quedaron cinco. Los instalé en los cuartos de visita de la casa, los llevé al rancho de Atlixco, les hice toda clase de recorridos turísticos y estuvieron contentos, pero no más que yo. En las noches Agustín tocaba el piano y Toña se ponía a cantar como jugando.
Nos hicimos amigas. La llevé con Lupe, mi modista, que era un genio. Le hizo en dos días tres vestidos con colas y capas que le disimulaban la gordura. Ella era divina en cuanto abría la boca, pero los vestidos la ayudaban a llegar al centro del escenario sin sentir envidia por Ninón Sevilla. Yo en cambio las envidiaba a las dos. Desde que Lupe le hizo esos vestidos, Toña no volvió a salir a escena más que con ropa hecha por ella. Como no logró convencer a Lupe de que se fuera a México, entonces ella iba a Puebla con frecuencia. Siempre se quedó en nuestra casa. Le tocó de todo, hasta que un tipo se metiera en su cuarto con un cuchillo diciendo: «Muera Andrés Ascencio.» Por esos días a Andrés le había dada por no dormir nunca en el mismo cuarto. A veces se quedaba en el mío, a veces en el de Checo o en cualquier otro. Y la noche anterior la había pasado en el cuarto de visitas que Toña llegó a ocupar. El hombre se le fue encima a Toña con el cuchillo y a ella lo único que se le ocurrió fue gritar cantando con toda su voz: «Hay en tus ojos el verde esmeralda».