Read "Guerra y paz" by León Tolstói online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Los Rostov se trataban con todo Moscú. El Conde estaba bien de dinero aquel año, pues había hipotecado por segunda vez todas sus tierras. Nicolás, que pudo comprarse un buen caballo y encargarse unos pantalones a la última moda, como aún no se habían visto en Moscú, y unas botas elegantísimas y puntiagudas, con pequeñas espuelas de plata, pasaba el tiempo muy divertido. El joven, al vivir de nuevo en su casa, experimentaba la agradable sensación de acostumbrarse, después de la ausencia, a las antiguas condiciones de vida. Parecíale que se había vuelto muy marcial y que había crecido. Su disgusto a causa de la mala nota que le dieron en religión, él préstamo que tomó en casa del cochero Gavrilo, los besos furtivos que dio a Sonia, parecíanle chiquilladas de las que ahora se encontraba muy lejos. Era teniente de húsares, adornaban su pecho varias tiras de plata y la cruz de San Jorge y estrenaba un caballo, montado en el cual se reunía con los aficionados más respetables y distinguidos. Iba a pasar todas las tardes a casa de una señora del bulevar, dirigió la mazurca en el baile de los Arkharov, hablaba de guerra con el mariscal Kaminsky, frecuentaba el club inglés y se tuteaba con un coronel de cuarenta años que le había presentado Denisov.
En Moscú se murió un poco su entusiasmo por el Emperador, ya que no le veía ni tenía esperanza de poderle ver más adelante. Hablaba mucho de él, sin embargo, y sacaba a relucir el amor que le profesaba, dando a entender que no decía todo lo que podía decir y que en su afecto por el soberano había algo que no todo el mundo estaba en condiciones de entender. Todo Moscú profesaba este mismo sentimiento de adoración por el soberano, a quien llamaban «el ángel terrenal».