Read "Guerra y paz" by León Tolstói online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Elena estaba en Erfurt al celebrarse la famosa entrevista entre ambos Emperadores, y allí se había relacionado con todos los hombres célebres que acompañaban a Napoleón por Europa. Había tenido un éxito brillante en Erfurt. El mismo Emperador, que la había visto en el teatro, había dicho de ella: «Es un animal magnífico.» Su éxito de mujer hermosa y elegante no extrañó a Pedro, porque con los años aún había ganado, pero lo que le admiraba era que en aquellos dos años su mujer hubiese llegado a adquirir una reputación de mujer exquisita, tan bella como espiritual.
El famoso príncipe de Ligne le escribía cartas de ocho páginas; Bilibin reservaba sus ocurrencias para ofrecer las primicias a la condesa Bezukhov. Ser admitido en el salón de Elena equivalía a un certificado de hombre espiritual. Los jóvenes, antes de pasar la velada en casa de Elena, leían libros para tener tema de conversación en el salón; los secretarios de embajada y hasta los mismos embajadores le confiaban secretos diplomáticos, de tal manera que Elena era una especie de potencia. Pedro, que sabía que era muy corta, a veces asistía a las soirées y a las cenas, en las que se habla de política, de poesía o de filosofía, y experimentaba un extraño sentimiento de sorpresa y de miedo. En aquellas reuniones sentía una especie de temor como el que debe sentir el prestidigitador a cada momento ante la idea de que se le descubran los trucos. Pero, sea que para dirigir un salón como aquél la tontería es necesaria, sea porque a los engañados les gusta serlo, el embaucamiento no se descubría y la reputación de mujer encantadora y espiritual que había adquirido Elena Vasilievna Bezukhova se afirmaba de tal manera que podía decir las cosas más triviales y más tontas entusiasmando a todo el mundo, ya que todos buscaban en sus palabras un sentido profundo que ni ella misma había nunca soñado.