Read "Guerra y paz" by León Tolstói online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
En la familia, de momento, las relaciones con el príncipe Andrés produjeron cierta incomodidad; tenía el aspecto de un hombre de otra clase social, y durante mucho tiempo Natacha hubo de acostumbrar a los suyos al principe Andrés, afirmando a todos, con orgullo, que parecía raro, pero que, al fin y al cabo, era como todos; que a ella no le daba miedo y que nadie había de temerle. Al cabo de algún tiempo, la familia se acostumbró a ello, y, sin cohibirse por su presencia, la casa seguía su vida ordinaria, que él también llevaba. Sabía hablar de las tierras con el Conde, de vestidos con la Condesa y Natacha, de álbumes y tapicerías con Sonia. A veces, los Rostov, entre ellos y delante del príncipe Andrés, admirábanse de lo que había ocurrido y de cómo eran evidentes los signos del destino: la llegada del Príncipe a Otradnoie, su entrada en San Petersburgo, y muchas otras circunstancias observadas por los familiares.
En la casa reinaba aquel sopor poético y silencioso que acompaña siempre la presencia de los prometidos. A menudo, sentados en el salón, todos permanecían callados; a veces se levantaban y los prometidos se quedaban solos y también callaban. Hablaban muy poco de su vida futura. El príncipe Andrés sentía miedo y vergüenza de hablar de ello. Natacha compartía este sentimiento, como todos los demás, que siempre adivinaba. Una vez, Natacha le habló de su hijo. El Príncipe se ruborizó, lo que ocurría muy a menudo, al ver la gran ternura de Natacha, y dijo que su hijo no viviría con ellos.