Read "El anillo de amatista" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Murió el presidente de la Audiencia, señor Cassignol, a los noventa y dos años, y fue llevado a la iglesia en el coche de los pobres, conforme a su expresa y decidida voluntad. Esta disposición testamentaria produjo mal efecto, y la comitiva sintióse agraviada íntimamente, considerando inoportuno aquel desprecio de la riqueza, merecedora del respeto público, y aquel ostensible abandono de privilegios inherentes a las clases elevadas. Recordaban que el señor Cassignol había mantenido su casa muy decorosamente y que había mostrado, hasta en su ancianidad, una severa corrección en el vestir. Aun cuando lo vieron sin cesar entretenido en obras piadosas, nadie supuso que, según las palabras de un orador cristiano, amaba a los pobres hasta el punto de asemejarse a ellos. Lo que no atribuían a una exaltada caridad, juzgábanlo paradoja de orgullo, y veían sin entusiasmo aquella humildad soberbia.
Lamentaban que el difunto caballero de la Legión de Honor dejara dispuesto que no se le tributasen honores militares. La exaltación de los ánimos creada y sostenida por los periódicos era tal, que la muchedumbre se dolía francamente de no ver la guarnición sobre las armas. El general Cartier de Chalmot, vestido de paisano, recibió un saludo reverente de la comisión de abogados. Casi toda la magistratura y una lucida parte del clero se agrupaban ante la casa mortuoria. Mientras doblaban tristemente las campanas, avanzó con lentitud el coche fúnebre hacia la catedral, precedido por la cruz y los cantos litúrgicos, entre las tocas blancas de doce religiosas seguidas por los niños y niñas de las escuelas congregacionistas, cuya fila gris y negra se prolongaba hasta perderse a lo lejos.