Read "El anillo de amatista" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
El padre Guitrel, candidato al obispado, fue introducido en el despacho del nuncio, monseñor Cima, el cual impresionaba, desde luego, por las acentuadas líneas de su rostro pálido, que el tiempo fatigó sin envejecerlo. A los cuarenta años parecía un adolescente enfermizo. Cuando bajaba los ojos, era un cadáver. Hizo seña al sacerdote, indicándole un asiento, y, para oírle, tomó en el sillón su actitud acostumbrada: el codo derecho en la mano izquierda y la mejilla sobre la palma de la mano derecha. En aquella actitud tenía una gracia casi fúnebre, y recordaba ciertas figuras de bajorrelieves antiguos. Su fisonomía sosegada velábase con un tinte melancólico, y al sonreír ofrecía una cómica expresión. Su hermosa y sombría mirada produjo siempre una impresión penosa, y en Nápoles era corriente decir que daba mal de ojo. En Francia se le suponía muy hábil político. El padre Guitrel consideró oportuno hacer sólo una rápida alusión al objeto de su visita.
«Que la Iglesia, en su infinita sabiduría, dispusiera de él. Todos sus sentimientos hacia ella confundíanse y se aunaban en su absoluta obediencia».