Read "El anillo de amatista" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Hacía tres meses que hablaban de lo mismo. El señor Bergeret contaba en París con amigos que nunca lo conocieron personalmente. Esos amigos son los más seguros; actúan por razones intelectuales, superiores y absolutas, y son atendidos cuando hacen una recomendación favorable. Los amigos del señor Bergeret opinaban que su sitio estaba en París, y pensaron llevarle a París. El señor Leterrier se consagró a lo mismo con toda su influencia, y, al fin, entre todos, lo consiguieron.
Encomendósele al señor Bergeret un curso en la Sorbona. Al salir de casa del decano Torquet, que le había comunicado su nombramiento en la más correcta forma, el señor Bergeret encontróse en la calle, miró con gusto los tejados de pizarra, los muros de piedra que tantas veces había visto, la bacía de metal que se balanceaba sobre la puerta del barbero, la vaca rubia que servía de muestra al lechero, la canal de bronce que arrojaba agua en la esquina de la calle de Josde; todas las cosas familiares, de repente, le ofrecían una extraña novedad. Aquellas losas que durante muchos años habían sufrido sus pisadas, graves por la pesadumbre de la tristeza y la fatiga, o presurosas y leves ante la sombra de un momentáneo goce o de una ligera distracción, ya no las reconocían sus pies en aquel momento. La ciudad cuyas cimas y campanarios veía elevarse en el cielo gris, le parecía una ciudad extraña, lejana, apenas real; menos una ciudad que la imagen de una ciudad. Y esa imagen se empequeñecía a sus ojos.