Read "El señor Bergeret en París" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
José Lacrisse, como él mismo decía, era un hombre de acción; la ociosidad le hastiaba. De secretario de un Comité monárquico, sin la menor actividad, pasó a un Comité nacionalista que intervenía en todo con inaudita violencia, donde se respiraba un amor a Francia rebosante de odios y un patriotismo exterminador obstinado en preparar manifestaciones feroces, realizadas ya en los teatros, ya en las iglesias. José Lacrisse iba al frente de tales manifestaciones. Cuando se producían en las iglesias, la señora de Bonmont, que era devota, se presentaba vestida con un traje oscuro. Domus mea, domus orationis. Un día, después de haberse unido a los nacionalistas en la catedral para orar públicamente, la señora de Bonmont y José Lacrisse se reunieron en la plaza de Parvis a un grupo de hombres que expresaban su patriotismo con gritos frenéticos y acompasados. Lacrisse unió su voz a la voz de la muchedumbre, y la señora de Bonmont alentó aquellas energías con la risueña exaltación de sus ojos azules y de sus labios rojos que brillaban bajo el velo.
El clamor fue augusto y formidable. Iba en progresión creciente. Atentos a una orden de la Prefectura, los guardias de la paz se dirigieron contra los manifestantes, y Lacrisse, que los contemplaba tranquilo, cuando los vio a una distancia tal que pudieran oírle, gritó entusiasmado: