Read "La isla de los pingüinos" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Una tarde iba de paseo por la orilla de una ensenada solitaria. Llegó, abstraído en sus meditaciones, hasta el extremo donde las rocas, en lucha con el mar, forman un escabroso dique, y vio una piedra cóncava que flotaba como una barca sobre las aguas.
En receptáculos semejantes había ido San Guirec, el venerable San Colombán y otros tantos monjes de Escocia y de Irlanda a evangelizar la Armórica. Precisamente, Santa Avoye, llegada de Inglaterra, acababa de cruzar el río Auray metida en un mortero de granito rosa, en el cual, más adelante, meterán a los niños para fortalecerlos. San Vouga cruzaba de Hibernia a Cornouailles sobre una roca, cuyos fragmentos, conservados en Penmarch, curarán las fiebres a los peregrinos que apoyen en ellos la cabeza. San Samsor llegaba a la bahía del monte de San Miguel en una pila de granito; que será Ilamada con el tiempo la taza de San Samsor. Por esto, al ver flotar aquella piedras cóncava, el santo varón de Mael comprendió que el Señor le destinaba al apostolado de los paganos que poblaban todavía las playas de las islas de los bretones.