Read "La isla de los pingüinos" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
No hay régimen que no tenga enemigos. La República o la Cosa Pública los tuvo al principio entre los nobles desposeídos de sus antiguos privilegios, los cuales volvían esperanzados los ojos hacia el último dracónida, el príncipe Crucho, interesante por los atractivos de la juventud y las tristezas de su destierro. Tuvo después enemigos entre los humildes comerciantes, que, por causas económicas inevitables, ya no ganaban lo suficiente para vivir, y culpaban de ello a la República, de la cual se desencantaban más y más de día en día.
Los banqueros judíos y los cristianos, con su insolencia y su codicia, eran el azote del país, que despojaban y envilecían, y el escándalo de un régimen que no se preocupaban de afirmar ni destruir, seguros de hacer sus operaciones desembarazadamente bajo todos los Gobiernos; pero simpatizaban con la fórmula de poder absoluto como la mejor dispuesta contra los socialistas, sus adversarios débiles, pero apasionados, y a la vez que imitaban las costumbres de los aristócratas, imitaban también sus sentimientos políticos y religiosos. Sobre todo sus mujeres, vanas y frívolas adoraban al príncipe y soñaban con los festejos de la Corte.