Explore "La paraca" by Abraham Valdelomar on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pasó todo el día siguiente y una sola de las salvadoras barcas no tomaba. Las que de Pisco salieron en su busca habían vuelto sin noticia alguna. En San Andrés todo era dolor. Juntábanse las viejitas comentaban a la orilla del mar, la desgracia. Recordábanse de casos lejanos y semejantes y, en las casuchas poníanse velas a los santos por el regreso de los infelices, en cuyas casas, la tragedia había hecho enmudecer de dolor a los suyos. Su pobrecito corazón, bien presentía lo que podía ser, más su fe no les dejaba llorar. No podían admitir la posibilidad de la desgracia, que era como aceptarla, y ellos se daban razones unos a otros para calmar mutuamente su convencimiento. Al morir ese día todos los pobladores de San Andrés estaban a la orilla allí los cogió la noche y nadie quería moverse, esperando de un momento a otro ver surgir en el mar el chasquido de los remos, alguna luz o las voces de los perdidos o de sus salvadores. Pasó la media noche y un grupo permanecía aún esperando. Cada chasquear de las olas, cada silbar del viento les parecía un sonar de quilla o un crujir de vela. Al calor de una fogata, sentados viejos y viejas, muchachos de espantados ojos y mozas que lloraban, pasaron algunas horas más.
Por fin, en las tinieblas oyóse una voz. Paralízanse todos. En silencio, atentos los oídos, esperaron. Nadie contestaba. Gritaron entonces, alimentaron la fogata y por fin oyeron claramente el chasquear de los remos, y las voces cerca de la orilla. Era una de las embarcaciones salvadoras que volvía.