Informe sobre la estupidez by Arturo Robsy

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Al día siguiente Dios regresó temprano a la casa familiar. Venía con la cabeza llena de preocupaciones y se encontraba con el salón atestado de ancianos. Su abuelo y don Anselmo lo había ocupado y debían estar contándose la historia de Maricastaña: cabía dentro de lo posible que su abuelo Juan la hubiera desvirgado y que don Anselmo le enseñara alguna fábula de Samaniego.

Dios se encontraba abrumado por los deberes del cargo y, también, por la fatiga de combate. Como tenía una mente despejada, para él pensar siempre había significado actuar: al terminar la fiesta del Hijo Ilustre y despedir a las fuerzas vivas, ya tenía una clara idea de la maniobra, de modo que había llamado a Pepe, aquel animalillo de la Cala, enchufado ahora en los servicios municipales de limpieza. Era triste, pero realista, que en aquel mundo de discursos y pamplinas sólo podía fiarse de un hijo de puta.

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