Explore "La gran farsa" by Arturo Robsy on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los cambios de la sociedad, cuando son profundos, desembocan necesariamente en cambios políticos, y es evidente que una España metida de lleno en la universal sociedad de consumo debió obligatoriamente dar respuestas nuevas a los problemas nuevos. No es que, muerto Franco, España debiera cambiar: es que ya había cambiado con Franco y le urgía acomodarse a la nueva situación. Aumentar y flexibilizar la participación del ciudadano en la política, corregir los excesos que el capitalismo y las nuevas clases medias traían consigo. Y, evidentemente, articular mejor los mecanismos del justo reparto de la renta. Cosas fundamentales y casi urgentes.
En España se daban unas condiciones inexistentes en cualquier otra nación de la Europa Occidental: un índice de desarrollo sólo equiparable al del Japón industrializado. Una casi total independencia de las multinacionales y de los capitales extranjeros, o sea, del clásico poder internacional. Una elevadísima potencialidad de continuar ese desarrollo, lógicamente a costa de mercados ocupados por otras economías. Una estabilidad social envidiable, sin delincuencia notable, quizá más consecuencia de un pasable reparto de las rentas del trabajo que de un estado policial. Hoy, con cinco veces más policías, tenemos mil veces más de delitos, lo que no es lógico.