Explore "Águilas de la estepa" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras los turcomanos, pueblo esencialmente nómade, vivían bajo tiendas, los sartos, que forman una tribu aparte, aunque habitan en la misma estepa… fabrican sus viviendas, y como no disponen de madera, por be en el transcurso de los siglos los bosques desaparecieron del Turquestán debido a que los naturales abatieron los árboles sin cuidarse de plantar otros, sólo utilizan la tierra arcillosa. Con ella forman ladrillos que dejan secar al sol y emplean en la construcción de sus casas. Estas son pequeñas y de poca altura, aunque de paredes compactas, y de un color grisáceo que producen mala impresión; las puertas son tan bajas que para pasar hay que agacharse. Salvo los arquitrabes de la entrada, constituidos con pedazos de madera sacada con infinita fatiga de los "arctha", gigantescos enebros que crecen en los valles lejanos, la obra entera es de tierra. Los techos, con armazón de cañas recubiertas de hojas secas, son de poca duración, pues los arruinan las lluvias que en esas regiones persisten varias semanas. El pobre sarto ve cómo su casita se va desmoronando lentamente y debe abandonarla y fabricarse otra.
Sólo a las familias ricas les es dado construirse edificios amplios y sólidos con cimientos de ladrillos cocidos, pórticos, patios y terrazas. Su arquitectura no es, empero, muy diferente de la de los humildes: son casas macizas, pesadas y más bien bajas para evitar que se desplomen durante alguno de los fuertes terremotos que allí se producen. En general, cada vivienda está dividida por un patio en dos secciones distintas: el "esquire", reservado exclusivamente a las mujeres y el "sacchir" o "birun", que ocupan los hombres, sus amigos y los caballos.