Explore "Águilas de la estepa" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
La "burana" de las estepas turquesanas puede compararse al "simún" de los desiertos del Sahara y tal vez sea más peligrosa, porque es tan ardiente que llega a sofocar a los viandantes que carecen de todo reparo. Ordinariamente esas tormentas se desencadenan después de las primeras lluvias: el cielo se cubre de nubes amarillas, los remolinos se forman en toda la inmensa llanura y el viento sopla con tal violencia que a veces transporta la arena hasta la India, donde le dan el nombre de "hotwind", porque marchita las plantas y deshoja los árboles. Los habitantes de ciudades y aldeas tienen que cubrir sus ventanas con cortinas de paja trenzada, bien empapada en agua, para impedir la entrada del polvo y refrescar un poco el aire que respiran. En invierno, en cambio, la "Burana" es fría y en la estepa es la nieve en vez de la arena, la que atormenta a los seres vivientes.
Cuando la caravana se detuvo, los soldados plantaron febrilmente las tiendas; situaron los animales formando una doble línea en la parte del viento y cavaron trincheras para mayor' resguardo. El huracán se desencadenó muy pronto: desapareció el sol y se inició un concierto endemoniado de aullidos, mugidos y silbidos, mientras la cortina de arena se volcaba sobre el campamento. Tabriz, llevando de la mano a Hossein, se había dejado caer dentro de una zanja defendida por una pequeña tienda que se apoyaba sobre dos camellos. Un par de usbeki que se hallaban dentro al principio trataron de rechazarlos, pero al ver a aquel gigante con los brazos levantados y libre de la cadena, que con poco esfuerzo había quebrado, se apresuraron a hacerles un poco de lugar. Minutos más tarde. Tabriz acercó los labios al oído de su señor y le susurró: