Explore "El corsario negro" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el Rayo echó el ancla en aquel seguro puerto, al lado del estrecho canal que lo mantenía a cubierto de cualquier ataque por sorpresa de la escuadra española, los filibusteros de La Tortuga estaban en pleno jolgorio, pues la mayor parte de ellos acababan de regresar de sus andanzas por las costas dominicanas y de Cuba, donde habían conseguido importantes botines al mando del Olonés y de Michele el Vasco.
Ante el fondeadero y en la playa, bajo amplias tiendas y a la sombra de grandes palmeras, los terribles piratas comían alegremente, dando fin a la parte que les correspondía del botín.