Explore "El corsario negro" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
La canoa que transportaba a Van Guld se hallaba por lo menos a unos mil pasos, pero los filibusteros no eran hombres que perdieran fácilmente el ánimo. Además, eran conscientes de que solo uno de los remeros de aquella embarcación era capaz de combatir con ellos: el indio. Los dos oficiales y el gobernador, acostumbrados únicamente a manejar las armas, no debían de resultar una gran ayuda para el indígena.
A pesar de que estaban hambrientos y totalmente extenuados a consecuencia de las largas marchas, Wan Stiller y Carmaux habían puesto en movimiento su extraordinaria musculatura e imprimían a la pequeña embarcación una velocidad prodigiosa. El Corsario Negro, sentado en la proa con el fusil entre los brazos, les animaba sin cesar al tiempo que gritaba: