Explore "El rey de la montaña" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los ocho caballos, espoleados hasta la sangre, volvieron a partir a la velocidad del rayo. Superado el primer repecho giraron hacia la vertiente opuesta sin disminuir la velocidad, dejando a un lado el sendero que conducía al pueblecito de Demavend, del que se adivinaban ya a lo lejos la silueta de la mezquita y su alta torre, que sirve de alminar a los muellah.
Era necesario mantener la distancia con respecto a los caballeros, que podían obtener noticias acerca de la dirección que habían tomado los que huían gracias a los iliatos acampados en la llanura arenosa. Si conseguían llegar al pie de la montaña antes de ser descubiertos, podían considerarse a salvo, puesto que aquellos parajes sólo los conocían los bandidos y los cazadores de la montaña.