Explore "El tesoro de los incas" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
El Huascar, dotado de una potente máquina vertical y de largo horno, era en verdad un excelente andador. Al poderoso empuje de la hélice, que mordía furiosa las negras aguas, corría con fantástica rapidez, dejando en pos de sí una estela fosforescente que brillaba con maravilloso fulgor en aquella obscuridad casi absoluta.
Por babor y estribor, iluminados por la rojiza luz de las dos lámparas de seguridad, colocadas a proa, pasaban confusamente rocas inmensas, rectas las unas, curvas o cóncavas o rasgadas las otras, erizadas de espantosas puntas, algunas de las cuales llegaban casi a rozar los flancos de acero del veloz bote; después, estalactitas y estalagmitas de formas extrañas, maravillosas, que despedían fantásticos fulgores; columnatas inmensas, cuya altura se perdía en las tinieblas; bloques de vistosas rocas conformadas de mil maneras y obscuras y profundas cavernas o galerías, dentro de las cuales mugían o hervían impetuosos torrentes.