Explore "A la conquista de un imperio" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
De temperamento tranquilo, igual que su íntimo amigo Yáñez, Sandokan estaba entonces nerviosísimo. Su sangre ardiente de borneano le hervía en las venas, a pesar de que ya no era un muchacho.
Habituado a los ataques impetuosos, envejecido entre las cimitarras y el humo de las espingardas y los cañones de sus praos, el formidable pirata estaba desconcertado por no haber tenido ocasión de luchar. Caminaba aprisa, atormentando la empuñadura de su cimitarra, y refunfuñando. Tampoco Tremal-Naik parecía completamente tranquilo.