Explore "El hijo del corsario rojo" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
No vaciló el señor de Ventimiglia en aceptar la invitación; aquella cortesía, demasiado espontánea en un enemigo sin duda acérrimo, porque podía poner en riesgo su existencia, hizo fruncir el entrecejo al suspicaz gascón y también a Mendoza.
El gabinete del marqués era una pequeña estancia amueblada con sencillez e iluminada por dos candelabros colocados en una gran mesa cubierta con un tapete verde sobre el cual se amontonaba una multitud de cartas.