Explore "El hombre de fuego" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella isla, que quizá fuese la única de terreno firme de la laguna, era bastante más grande que la que había hervido de refugio a los dos portugueses después de la huida de la costa. Estaba cubierta de los hermosísimos árboles que tanta fama han dado al Brasil, y cuyas maderas han sido objeto de tan activo comercio.
Eran caobos, árboles de los que poco aprecio se hacía entonces, ni siquiera entre los indios, y que no habían de adquirir estimación hasta más de un siglo después, y eso por pura casualidad.