Explore "El hombre de fuego" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si, sólo Japy, aquel valiente muchacho que había dado tantas pruebas de amistad a los pyaies blancos cuando estaban en poder de los eimuros, había podido interesarse por ellos de aquella manera.
Aprovechándose de la confusión que había en la aldea y de la oscuridad de la noche, debió de robar el arcabuz que custodiaba el hechicero de la tribu, y hacer además provisión de víveres, pues no ignoraba la escasez que reinaba en el carbet.