Explore "El rey del mar" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando Tremal-Naik y Damna vieron entrar a Yáñez, vestido de aquel modo tan desusado de él, se levantaron como movidos por un resorte, y quedaron con la boca abierta, a punto de proferir un grito de sorpresa, que hubiera sido muy natural en aquella ocasión, pero que el audaz portugués temía grandemente, por sus fatales consecuencias. Una rápida mirada de este lo detuvo a tiempo en los labios de ambos.
Por fortuna, el capitán Moreland, que daba la espalda a la puerta y a quien se le enredó la correa del sable en el respaldo de la silla, cuando iba a levantarse, no pudo sorprender aquella imperiosa mirada.