Explore "Flor de las perlas" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
El parao continuaba remontando las aguas del gran río. Había pasado sin detenerse ante Tavirán, pequeña aldea a orillas del Talaján en la confluencia del Sur, y proseguía su rápida carrera para llegar al Bacat y de allí salir al vasto lago de Butuán. Las regiones por donde atravesaban eran salvajes; la parte occidental de Mindanao no tiene pequeños poblados sino en las costas, y lo más hasta la boca de los grandes ríos; pero, a veinte o treinta millas del mar, la naturaleza selvática domina y sólo se hallan selvas inmensas, casi vírgenes, pobladas sólo por monos, panteras negras, cienos, gatos de algalia y osos malayos.
De trecho en trecho, a grandes distancias, pero próximos a los montes, hay indígenas que viven como fieras y que no quieren trato alguno con los habitantes de la costa, que son de origen tulisán-malayo. Pandaras se apresuraba a atravesar aquella región, sabiendo que tenía mucho que temer de los habitantes de los bosques. No concedía reposo alguno a sus hombres durante la jornada, y trataba de que no descansaran un instante los remos; aquellos remeros parecían de hierro, y su duro y fatigoso ejercicio un simple juego. Por la noche anclaba el parao en medio del río, y hacía velar por turno a varios piratas armados de fusiles.