La capitana del Yucatán by Emilio Salgari — Read

Explore "La capitana del Yucatán" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.

Mientras los tres acorazados de la escuadra española, rotos, deformes, desencuadernados, acababan de hundirse, el "Cristóbal Colón", el más pequeño, pero el más sólido de los cuatro cruceros, continuaba sólo la tremenda lucha. En vano el "Iowa", el "Texas", el "Oregón" y el "Indiana", intentaban abatirlo y mandarlo a pique. La nave resistía como una roca. Las granadas caían espesas sobre la cubierta, lanzando a proa y a popa chorros de fuego, y fragmentos de acero y gruesos proyectiles batían sus corazas, intentando abrir brecha, pero en vano. La rápida nave, con la bandera ondeando en el asta de popa, proseguía su carrera con la esperanza de huir, escapando a aquel cerco que aumentaba cada vez más; ya que otras naves acudían a cerrarle el paso. Era terrible la lucha que sostenía esta nave sola, última superviviente de la escuadra española. A pesar de estar en llamas no se detenía y disparaba con creciente vigor sus gruesos Hontoria y sus treinta y ocho piezas de tiro rápido, rociando y horadando los barcos enemigos. Bajo las descargas que recibía, se tambaleaba, pero en sus costados no se abrían vías de agua. Díaz Moreau, su valeroso comandante, no era un hombre que cediera fácilmente. Derecho en la torre de mando, impartía sus órdenes con voz calma y tonante, como si no se encontrara en medio de una batalla, sino en una revista naval. Desgraciadamente la última hora debía sonar en breve también para la única nave que quedaba de la escuadra española.

Acorralada por los cuatro acorazados y el "Brooklyn", no podía ya huir del cerco de hierro que la encerraba cada vez más. Sin embargo, durante una hora y media, se mantuvo firme frente a sus poderosas adversarios, intentando escapar a sus^ataques; sus cañones Hontoria estaban al rojo por las incesantes descargas y empezaba a debilitarse el vigor de los fogoneros que se tostaban ante las calderas. Díaz Moreau, al no poder evadirse e impotente para desembarazarse de tantos adversarios, tomó una decisión heroica. Amainada la bandera, dirige su nave impetuosamente hacia la costa. Las granadas americanas que han abatido y mandado a pique al "Infanta María Teresa", al "Almirante Oquendo", al "Vizcaya", al "Plutón" y al "Terror", no han podido hundir a la resistente nave, pero lo harán los escollos.

Reading navigation