Explore "La estrella de la araucania" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
De la parte del bosque iban avanzando otros jinetes que debían de formar el grueso de la tribu. Eran unos cuarenta, todos ellos de elevadísima estatura, armados de lanzas, fusiles, balas y, lo que más inquietaba, pintados de blanco hasta el cuello y hasta las sienes mientras los dedos lo eran de negro. Era la pintura de guerra y Piotre lo reconoció enseguida igual que el señor López, que había vivido largo tiempo entre aquellos belicosos salvajes.
No eran todos guerreros. Entre ellos se veían también algunas mujeres, especie de granaderas de formas muy desarrolladas, casi tan altas como los hombres, con la piel un poco más clara y el cabello larguísimo y áspero, recogido en trenzas y adornado de perlas azules y cintas de plata. Cabalgaban osadamente, llevando los caballos al galope desenfrenado a través de las rocas y del globase y haciendo flotar sus mantos de piel de guanaco que llevaban ceñidos al cuello con gruesos alfileres de plata en forma de disco y las fajas blancas llamadas kolquts con que adornaban la cabeza.