Explore "Las hijas de los faraones" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
El uso de aves mensajeras en época de guerra y también como rápidos auxiliares del servicio postal, se remonta a la más remota antigüedad y parece ser que los egipcios fueron los primeros en servirse de aquellos útiles mensajeros, puesto que fueron ellos los que más largamente lo adoptaron. Los amaestraron sobre todo para la guerra, para que prendieran fuego a las ciudades que resistían en demasía a los asaltos, convirtiéndolas en pájaros incendiarios. Poseedores de materias inflamables, que no se apegaban ni siquiera con agua y que tal vez debían ser semejantes a los famosos fuegos griegos de los que se han perdido para siempre el secreto, solían atarlas a la cola de aquellas graciosas e inteligentes volátiles que como puntas de flecha se dirigían en grandes bandadas hacia las ciudades sitiadas, originando así terribles incendios, que obligaban pronto a los defensores a la rendición. No fueron solo los egipcios antiguos los únicos que se sirvieron de las aves mensajeras. También los griegos varios millares de años después, los adoptaron para utilizarlos en la guerra, en el comercio y sobre todo en los juegos olímpicos. Los atletas que tomaban parte en aquellas competiciones, los enviaban regularmente a sus lejanos parientes y amigos para hacerles llegar sus mensajes y noticias. Dícese que Anacreonte, que vivió 500 años antes de la era actual, envió a Bathyll un ave, portadora de una carta suya, y Ferekrates cuenta que en Atenas en sus tiempos, 430 años antes de Cristo, las aves servían como mensajeros de la correspondencia entre país y país. También los romanos se sirvieron de ellas, habiendo aprendido de los griegos el arte de amaestrarlas, y Plinio nos habla de mensajes de guerra intercambiados por este medio, durante el asedio de Mulina, y según Geliano lo mismo ocurrió entre Pisa y Algina. Sin embargo, nadie consiguió amaestrar a aquellos volátiles como los súbditos del Faraón y a servirse de ellos para incendiar ciudades y tal vez incluso flotas enemigas, que bloqueaban los inmensos canales del delta del Nilo. ¿Eran esos pájaros de especie diferente y, más inteligentes que los actuales? Es posible que pertenecieran a la que se llamó más tarde "de Bagdad" de la que se sirvieron los musulmanes durante una larga serie de años y que incluso hoy día sigue siendo la mejor.
La bandada inmensa señalada por los etíopes, se aproximaba rápidamente hacia el Nilo, surcando las tinieblas como una tromba de estrellas, arrastradas por un viento impetuoso. Su meta era muy precisa: la barca tripulada por el joven Faraón. Los embriagados o por lo menos aquellos que los habían lanzado contra los navegantes, no atreviéndose a atacar directamente al Hijo del Sol, se servían de las aves para combatirlo o mejor aún para eliminarlo, antes de que pudiese llegar a Menfis. Era aquella una prueba evidente de que algunos conocían la existencia del hijo del gran Teti, el vencedor de los caldeos y de que alguien había traicionado el secreto, tan celosamente guardado durante algunos años.