Explore "Las hijas de los faraones" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras en la ancha laguna del Nilo, Pepi jugaba la última carta contra su hermano para intentar salvar el trono que ya se le escapaba, un escuadrón de arqueros salía del palacio real escoltando una litera totalmente cubierta por cortinajes de variado color y sostenida por cuatro gigantescos esclavos nubios. En ella iban Nitokri y Nefer. Conseguida de Pepi la gracia de Mirinri, se encaminaban hacia la necrópolis para liberar al desgraciado, encerrado vivo en el inmenso cementerio subterráneo, que ocupaba casi la quinta parte de la opulenta ciudad. Nitokri parecía contenta; Nefer en cambio, que sabía que había perdido ya para siempre al hombre que había amado intensamente, pese a no ser correspondida, estaba triste y hacia esfuerzos enormes para detener las lágrimas que temblaban en sus pestañas.
-Hermana -decía Nitokri- las terribles pruebas que Mirinri ha sufrido, tocan ya a su fin. A partir de ahora ya no correrá ningún peligro porque yo velare por él y mi padre no se atreverá a hacerle nada. Será el orgullo de la corte y cuando mi padre, que ya es viejo, muera, el pueblo le aclamara como rey de Egipto.