Explore "Las panteras de Argel" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con un silbido, el cabileño había llamado a su esclavo, el cual se apresuró a poner en libertad a los caballos, conduciéndolos bajo un pequeño cobertizo construido con cañas secas. Después de haber saludado con el tradicional salem alek a los viajeros, el cabileño los invitó a que le siguiesen dentro de la tienda más espaciosa, cuyos extremos estaban abiertos para que el aire circulase con libertad.
Sobre una hermosa estera blanca se veían dos cabritillos asados que todavía humeaban, algunas tortas de maíz cocidas al horno; varios recipientes de arcilla con dátiles en dulce y ciruelas y albaricoques en conserva. Suspendido de una cuerda se refrescaba un odre lleno de leche de camella mezclada con agua, única bebida de los habitantes de los aduares argelinos y de los marroquíes.