Explore "Los horrores de la Siberia" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
A la mañana siguiente, una taranta, tirada por tres caballos y escoltada por ocho cosacos, jinetes en briosas cabalgaduras, atravesaba la ciudad a todo correr y se dirigía hacia la inmensa estepa que blanqueaba en el horizonte. Las tarantas, muy usadas en Rusia y en Siberia, son unos cochecillos construidos con admirable sencillez, que permite guiarlos hasta por los bordes de las selvas, y que son facilísimos de arreglar si les ocurre alguna avería. Se componen de largas y flexibles traviesas de pino blanco, las cuales sostienen una caja muy ligera, recubierta de un toldo de pieles.
Cuatro ruedas sostienen el primitivo vehículo, que carece en absoluto de muelles, por lo que los desgraciados viajeros que los ocupan sufren toda clase de choques y de sacudidas, y acaban en pocas horas por sentirse rendidos, molidos y doloridos, como si les hubieran dado una atroz paliza.