Explore "Los horrores de la Siberia" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras el mariscal hacía honor a la mesa con creciente apetito, comiendo y bebiendo como un verdadero glotón, los cosacos, sentados junto a la estufa, consumían botellas y botellas de ginebra, cada vez más contentos y agradecidos a Dimitri, su amable anfitrión.
La joven miraba de vez en vez al grupo de soldados, como para convencerse del efecto que hacía en ellos la bebida, y redoblaba sus agasajos al mariscal, que era un bebedor de gran fuerza, pero que comenzaba a dar señales de embriaguez. Después de despachar la segunda botella, la emprendió con la tercera, y no cesaba de empinar el codo, brindando unas veces por los hermosos ojos de la dama y otras por el padre zar.