Explore "Los horrores de la Siberia" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquel amabilísimo mandarín, después de colmar de cortesías a los viajeros y de ofrecerles que a la mañana siguiente, apenas se alejaran los cosacos, los internaría sin peligro en China, se retiró también a descansar.
Los fugitivos entregáronse al sueño completamente confiados en la caballerosidad de los mongoles, pero el ingeniero, inquieto no sabía por qué, despertóse a medianoche, y subió de puntillas a la plataforma de la torre para inspeccionar las cercanías, quedando desagradablemente sorprendido al ver que los cosacos seguían vigilando.