Explore "Los náufragos del oregón" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
La selva, casi impenetrable, asemejaba un verdadero caos de árboles y plantas de todas las especies. Enormes tecas, de cincuenta y sesenta metros de altura, de madera dura como el hierro, pero que se pudre sumergida en el agua, al lado de los hermosos árboles del alcanfor; las plantas de la nuez moscada, de intenso perfume, se alzaban al lado de las que producen la goma laca; la de la pimienta, que lucía sus racimos cargados de aromáticos granos y trepaba por el tronco del clavo, cuyas flores, en mazos, exhalaban deliciosos aromas; los belzoin, bellísimos, que entrecruzaban sus ramas con las del árbol que produce el polvo de sándalo, tan buscado por su agradable olor; helechos de gigantescas hojas, bananos, palmas, cedros, tamarindos, cotangos, mangles, manzanos y granados, cargados de bellas y enormes frutas.
Los náufragos tenían que esforzarse mucho para avanzar, y lucharon no poco para mantenerse en dirección sur. Dick no separaba la vista de la pequeña brújula que le habían confiado. Afortunadamente, a trechos encontraban una especie de senderos abiertos por el paso de grandes animales, los rinocerontes, los elefantes, los tapires, o cualquier otro que tuviese la costumbre de pasar por un sitio determinado para ir a beber al lago más cercano.