Explore "Los horrores de las Filipinas" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
El mestizo se detuvo al llegar al extremo del puente que une a la ciudad con Binondo, y miró fijamente a su compañero, cuya tez, de amarilla que era, había tomado un tinte verdoso, mientras que sus ojos fulgían con oscura llama. Parecía como si quisiese descubrir los pensamientos que se ocultaban en el cerebro de aquel vástago de los hijos del Celeste Imperio. Quizás había adivinado en las palabras de aquél hombre, bajo un amor ardiente por la libertad, una amenaza tenebrosa contra la joven de la silla de mano.
-¿Qué te importa, Hang-Tu -dijo finalmente-, que haya una mujer de por medio? ¿No he jurado al salir de Macao, donde he estado tres meses sufriendo el destierro, consagrarme en cuerpo y alma a la libertad de las islas?