Explore "Los horrores de las Filipinas" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hang-Tu echó a andar inmediatamente, sin contestar una palabra a su amigo. Parecía muy inquieto, y sin dejar de caminar rápidamente, iba mirando hacia todas partes como si temiera un asalto de enemigos que lo acechasen.
En vez de seguir el muro del jardín, se entró por un laberinto de callejuelas que debieron en otro tiempo de estar formadas por grandes casas, pero en que a la sazón sólo había escombros, muros arruinados, pilares medio derruidos, tristes recuerdos de la ira del Albay, volcán que no cesa de vomitar llamas y lava.