Explore "Las dos emparedadas" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
El marqués de San Vicente continuaba enfermo, y fray Ángelo no se separaba de él en casi todo el día; por las noches a las once y media o las doce salía del calabozo y se retiraba a descansar para volver muy temprano a la mañana siguiente.
Una noche de aquellas, fray Ángelo caminaba contento, porque había creído notar que el enfermo se mejoraba visiblemente, cuando oyó que le llamaban por detrás, volvió el rostro y se encontró con un hombre embozado hasta los ojos.