Ensayo sobre el origen de las lenguas

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Ésas son, según mi opinión, las causas físicas más generales de la diferencia característica entre las lenguas primitivas. Las del Mediodía debieron ser vivas, sonoras, acentuadas, elocuentes y, a menudo, oscuras por su energía; las del norte debieron ser sordas, rudas, articuladas, desentonadas, monótonas, claras a fuerza de palabras antes que por una buena construcción. Cien veces mezcladas y refundidas, las lenguas modernas guardan todavía algo de esas diferencias: el francés, el inglés, el alemán, son el lenguaje privado de hombres que se ayudan entre sí, que razonan a sangre fría entre ellos mismos, o de gente exaltada que se enoja; pero los ministros de dios al anunciar los misterios sagrados, los sabios al dar leyes a su pueblo, los jefes al arrastrar a la multitud tienen que hablar árabe o persa. Nuestras lenguas valen más escritas que habladas, y se nos lee con mayor placer que con el que se nos escucha. Por el contrario, escritas, las lenguas orientales pierden su vida y su calor: el sentido sólo está a medias en las palabras, toda su fuerza descansa en los acentos; juzgar el genio de los orientales por sus libros equivale a pintar un hombre por su cadáver.

Para apreciar bien las acciones de los hombres es preciso considerarlas en todas sus relaciones, y es eso lo que no se nos enseña a hacer; cuando nos ponemos en lugar de los otros, nos ponemos ahí tal y como estamos modificados, no tal y como ellos deben estarlo, y cuando pensamos juzgarlos con la razón, nos limitamos a comparar sus prejuicios con los nuestros… Quien, por saber leer un poco de árabe, sonría hojeando el Corán, si hubiese oído a Mahoma en persona anunciarlo en esa lengua elocuente y cadenciosa, con esa voz sonora y persuasiva que seduce al oído antes que al corazón, y que anima sin pausa sus sentencias como los acentos del entusiasmo, se prosternaría en tierra gritando: Gran profeta, enviado de Dios, llévanos a la gloria, al martirio; queremos vencer o morir por Ti. El fanatismo siempre nos parece risible porque carece de voz entre nosotros para hacerse oír; nuestros fanáticos mismos no son genuinos fanáticos; sólo son bribones o locos. Nuestras lenguas, en vez de inflexiones para los inspirados, sólo tienen gritos para los poseídos del diablo.

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