El capitán veneno by Pedro Antonio de Alarcón

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¡Jorge!-dijo el Marqués al Capitán Veneno, penetrando en la alcoba con aire de despedida.-¡Ahí te dejo! La señora Generala no ha consentido en que corran a nuestro cargo ni tan siquiera el médico y la botica; de modo que vas a estar aquí como en casa de tu propia madre, si viviese. Nada te digo de la obligación en que te hallas de tratar a estas señoras con afabilidad y buenos modos, al tenor de tus buenos sentimientos, de que no dudo, y de los ejemplos de urbanidad y cortesía que te tengo dados; pues es lo menos que puedes y debes hacer en obsequio de personas tan principales y caritativas. A la tarde volveré yo por aquí, si mi señora la Condesa me da permiso para ello, y haré que te traigan ropa blanca, las cosas más urgentes que tengas que firmar, y cigarillos de papel. Dime si quieres algo más de tu casa o de la mía.

-¡Hombre!-respondió el Capitán.-Ya que eres tan bueno, tráeme un poco de algodón en rama y unos anteojos ahumados.

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