Explore "El prefacio de Francisco Vera" by Tomás Carrasquilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
La criada del vicario, que era una zamba muy conversona y un puro empalago, estaba trastornada con el papel que estaba desempeñando en esos días. Todo el mundo la llamaba para averiguarle. Contaba, entre otras cosas, que su amo desde ese día era otro. Que, aunque tan siquiera le había amagado la gota, estaba tristón y desganado; que suspiraba cada rato, y que en ocasiones parecía fatuo o distraído. Que a ella no le quitaban de la cabeza que a su amo, aunque fuera sacerdote y tan sabido y tan católico, le habían hecho un maleficio muy terrible. Que a lo mejor echaba a cantar con la tonada del prefacio unas bobadas, como los ciegos que pedían limosna; que se ponía a escribir en cualquier papel, y que después lo rasgaba; que a una imagen del Retablo, que tenía en su cabecera, le decía de presto unas cosas que no eran oraciones ni décimas religiosas.
Nadie le creía a la zamburria, porque el manejo del vicario en la calle y en el templo era tan bueno y tan bonito como siempre.